Michael Burry en corto y despidos masivos para 2026

En el complejo tablero de ajedrez financiero de finales de 2025, dos movimientos simultáneos deberían encender las alarmas de cualquier inversor atento. Por un lado, las empresas estadounidenses están ejecutando una “congelación silenciosa” de las contrataciones y recortes de personal. Por otro, figuras legendarias como Michael Burry —famoso por predecir la crisis de 2008— están posicionándose en corto contra los gigantes tecnológicos.

No es coincidencia. Es una dualidad peligrosa que revela una grieta en la narrativa actual del mercado: estamos financiando una revolución tecnológica (IA) a costa de la estabilidad laboral, y los inversores más astutos ya están apostando a que las cuentas no van a salir.

La Dualidad: Euforia en el Servidor, Pánico en la Oficina

Para el inversor amateur, los titulares son confusos. ¿Cómo puede el mercado estar rozando máximos mientras las empresas anuncian planes de austeridad laboral para 2026?

La respuesta reside en la asignación de capital. Las empresas no están simplemente “ahorrando” dinero; están desviando fondos masivamente desde los recursos humanos (nóminas) hacia el gasto de capital en tecnología (CapEx en Inteligencia Artificial). Están despidiendo personas para comprar procesadores.

El problema, y aquí es donde entra la tesis bajista, es la ineficiencia del retorno. Se está asumiendo que cada dólar gastado en un chip generará rendimientos exponenciales inmediatos. Pero la historia financiera nos enseña que la tecnología tarda años en madurar, mientras que los costes de infraestructura erosionan el flujo de caja hoy.

Michael Burry lo vuelve a hacer: ¿Por qué ir en corto ahora?

Burry no opera por corazonadas, sino por datos fundamentales. Su postura sugiere que las valoraciones actuales de las empresas de semiconductores e IA están “valoradas para la perfección”.

Cuando una empresa cotiza a múltiplos astronómicos, el mercado está descontando un futuro sin fallos. Pero Burry ve la realidad matemática:

  • La demanda real: ¿Están las empresas ganando dinero con la IA, o solo gastando en IA?
  • El coste de oportunidad: Gastar miles de millones en centros de datos especulativos mientras se recorta la fuerza laboral operativa es una apuesta de altísimo riesgo.

Si la “revolución” tarda más de lo esperado en monetizarse, esas acciones corregirán con violencia. Y el inversor inteligente debe estar preparado.

La Trampa de la “Eficiencia Artificial” y el Valor Intrínseco

Desde la perspectiva del Value Investing (Inversión de Valor), esta situación crea un escenario clásico de riesgo. Como recordamos siempre en ConInversión, no se trata de perseguir modas o tendencias, sino de realizar un análisis fundamental riguroso.

El inversor desprevenido compra tecnología hoy pensando en el crecimiento infinito. El inversor inteligente, sin embargo, busca el Margen de Seguridad. ¿Dónde está la seguridad en una empresa que necesita despedir al 10% de su plantilla para justificar la compra de hardware que se deprecia rápidamente?

El verdadero valor reside en comprar activos por menos de su valor intrínseco, algo difícil de encontrar en la euforia tecnológica actual.

¿Qué debe hacer el inversor prudente en 2026?

Ante esta dualidad de “Despidos vs. Especulación”, la respuesta no es huir del mercado, sino rotar hacia la calidad real y evitar el “deterioro silencioso” de dejar el dinero quieto.

  1. Evite la “Espuma”: Sea extremadamente cauteloso con empresas cuya valoración dependa exclusivamente de narrativas de IA no probadas.
  2. Busque la Solidez “Aburrida”: Mientras todos miran a los chips, hay sectores donde las empresas siguen contratando porque tienen demanda real de productos reales. Busque empresas con ventajas competitivas duraderas.
  3. Monitoree la Deuda: Las empresas que se endeudan para comprar tecnología especulativa son las más vulnerables. Prefiera aquellas con balances saneados.

La lección de Burry y los recortes de personal es clara: el mercado puede ser irracional a corto plazo. Pero a largo plazo, el valor real siempre prevalece. No apueste su patrimonio a que “esta vez será diferente”. Invierta en lo que es tangible, medible y sostenible.

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